Colombia se prepara ante el avance de El Niño

23.09.2026


El fenómeno de El Niño ya comienza a sentirse con fuerza en Colombia y enciende las alarmas de las autoridades ambientales, el Gobierno y las comunidades locales. Incendios forestales, disminución de lluvias, riesgo de desabastecimiento de agua, afectaciones a cultivos y presión sobre la generación de energía conforman un cóctel de riesgos que, según expertos, exige respuestas inmediatas y coordinadas. El país enfrenta un escenario climático que no admite dilaciones y que podría agravarse en los próximos meses si no se toman medidas contundentes.

De acuerdo con los reportes oficiales, solo entre junio y agosto se registraron 438 incendios forestales en 191 municipios de 19 departamentos, con más de 27.000 hectáreas afectadas. Estas cifras, que ya resultan preocupantes, podrían ser apenas un anticipo de lo que viene si las temperaturas continúan en ascenso y las lluvias siguen reduciéndose. Las zonas rurales, los parques naturales y las áreas de reserva se encuentran entre las más vulnerables, mientras los organismos de socorro advierten que sus capacidades operativas están al límite.

El impacto sobre el recurso hídrico es otro de los focos de preocupación. Menos lluvias se traducen en ríos con caudales reducidos, embalses por debajo de sus niveles históricos y acuíferos sometidos a una extracción creciente. En varias regiones ya se reportan racionamientos preventivos y restricciones en el uso del agua para actividades agrícolas e industriales. Las autoridades locales insisten en la necesidad de un consumo responsable en los hogares y en la implementación de planes de contingencia para garantizar el abastecimiento en los meses más críticos.

El sector agropecuario también empieza a sentir los efectos de El Niño. Los cultivos de ciclo corto, como hortalizas y algunos granos básicos, son especialmente sensibles a la falta de lluvias y a las olas de calor prolongadas. Agricultores de distintas regiones reportan pérdidas parciales de cosechas, aumento de plagas y mayores costos para el riego. En la ganadería, la reducción de pasturas y fuentes de agua amenaza la productividad y el bienestar animal, lo que podría repercutir en el precio de los alimentos y en la seguridad alimentaria de las poblaciones más vulnerables.

La generación de energía, fuertemente dependiente de las hidroeléctricas, enfrenta un escenario de presión adicional. Con embalses en descenso, el sistema eléctrico podría requerir un mayor uso de plantas térmicas, lo que implica costos más altos y un aumento en las emisiones de gases de efecto invernadero. Expertos del sector energético recomiendan acelerar la diversificación de la matriz con fuentes renovables no convencionales, fortalecer los programas de eficiencia energética y preparar protocolos de respuesta ante eventuales picos de demanda o fallas en la infraestructura.

Frente a este panorama, especialistas y organizaciones ambientales coinciden en que el país no puede esperar. Se requieren campañas masivas de prevención de incendios, una vigilancia estricta sobre quemas ilegales, planes de manejo del agua a escala regional y apoyo técnico y financiero a los productores rurales. Además, insisten en que la coyuntura de El Niño debe leerse como una advertencia sobre la vulnerabilidad de Colombia frente al cambio climático. La respuesta, subrayan, debe ir más allá de la emergencia y traducirse en políticas públicas sostenidas que fortalezcan la resiliencia de los territorios y de sus comunidades.

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