Gobierno de Abelardo de la Espriella da por terminados los diálogos de paz con el ELN

El presidente Abelardo de la Espriella anunció este lunes el fin de los diálogos de paz con la guerrilla del ELN y firmó la resolución que revoca la designación de los representantes del Gobierno en esa mesa. Con esta decisión, el Ejecutivo cierra de manera abrupta un ciclo de conversaciones que había sido presentado como una de las principales apuestas de la administración para reducir la violencia en varias regiones del país.
En una alocución desde la Casa de Gobierno, De la Espriella cuestionó con dureza el rumbo que habían tomado las negociaciones y aseguró que el proceso se había convertido en una carga insostenible para las finanzas públicas. Según el mandatario, los costos logísticos, de seguridad y de funcionamiento de la mesa superaron ampliamente las proyecciones iniciales, sin que se registraran avances proporcionales en materia de desescalamiento del conflicto.
El presidente fue más allá y reveló que a algunos de los representantes del Gobierno en la mesa de diálogos les habrían sido pagados hasta $7.000 millones por su participación en el proceso. Aunque no entregó nombres ni detalles de los contratos, calificó estas erogaciones como un “despropósito” y anunció que ordenó a los organismos de control revisar cada uno de los pagos efectuados durante la vigencia de la negociación.
De la Espriella definió el proceso con el ELN como una “falsa paz” que, en sus palabras, sirvió más para legitimar a la organización armada que para ofrecer garantías reales a las comunidades afectadas por la violencia. “No podemos seguir financiando una mesa que no produce resultados, mientras el país exige seguridad y justicia”, afirmó, al tiempo que insistió en que su gobierno no renuncia a la búsqueda de la paz, pero bajo “condiciones claras y verificables”.
La decisión ha generado reacciones encontradas en el espectro político. Sectores afines al Gobierno respaldaron el cierre de la mesa y coincidieron en que los costos del proceso eran desproporcionados frente a los logros obtenidos. En contraste, líderes de la oposición y organizaciones de la sociedad civil advirtieron que la ruptura de los diálogos podría traducirse en un recrudecimiento de la violencia en zonas donde el ELN mantiene presencia histórica y donde la población civil ya enfrenta graves riesgos humanitarios.
Mientras tanto, analistas consultados señalan que el fin de las conversaciones abre un periodo de incertidumbre sobre la estrategia de seguridad del Ejecutivo. Algunos expertos consideran que el Gobierno deberá presentar en las próximas semanas un plan claro para contener una posible escalada del conflicto y, al mismo tiempo, definir si está dispuesto a explorar nuevos mecanismos de acercamiento con el ELN u otros actores armados, bajo reglas distintas a las que ahora han sido desechadas.
